The Damnedest Thing
Justo cuando uno cree que la vida finalmente va en la dirección que se cree correcta, que «los astros están alineados» y las energías enfocadas en el lugar propicio, aparece uno o más hechos totalmente inesperados por su magnitud y contundencia, para recordarnos a veces de manera amable y otras con una brutalidad sin paliativos, que lo único constante en este plano de existencia es el cambio y la variabilidad sin fin.
Los recordatorios que traen consigo estas situaciones son muchos y variados. Sin embargo, lo que más llama la atención en esta ocasión particular es una sensibilidad aumentada para percibir la energía detrás de ciertas afirmaciones, costumbres o respuestas al uso que se suelen emplear cuando ocurren ciertas cosas. Por más que pensemos (lo que casi nunca pasa, porque cada vez más se vive la vida en automático buscando la gratificación inmediata) que tenemos buenas intenciones, al final lo que se busca es «quedar bien», para no tener que involucrarnos más de la cuenta en algo que consideramos a todas luces inconveniente e incómodo. Las respuestas típicas que se dan en estos casos pretenden transmitir una sensación de solidaridad y acompañamiento que se queda casi siempre en palabras sin contenido ni sustancia y sobre todo, en el deseo oculto de no tener que hacer nada que nos obligue a salir de nuestra comodidad o rutina de siempre.
Marcela me enseñó hace un tiempo que cuando la vida nos trae estos acontecimientos, el que los vive normalmente tiene su atención completamente dirigida hacia lo que tiene en frente y en la mayoría de las ocasiones olvida lo básico para sobrevivir. Por eso es tan importante que quienes le rodean le apoyen para ocuparse de estas tareas y así poder superar el impasse de la mejor forma. Frases o acciones simples como: «Ya comiste?», «Te acompaño a casa?», «Quieres que te lleve algo?», «Necesitas x para ocuparte de y?», «Voy a verte por si necesitas ayuda con…», son mucho más significativas y eficaces que frases de cajón como: «Quedo pendiente», «Avísame cualquier cosa», «Vamos hablando» o similares, que simplemente indican que no hay un interés real por acompañar de verdad y más bien son formas elegantes de salir del paso. Esto no es una queja o un reclamo. Es simplemente una reflexión sobre ciertos automatismos en nuestro comportamiento que damos por sentados y que simplemente tomamos como lo que se hace o dice en ciertas ocasiones, sin pararnos a pensar si realmente estamos acompañando de la mejor manera a quien lo necesita.
Como leí hace un par de días en una viñeta, mientras tengamos aliento, tenemos infinitas posibilidades. De la misma manera, hay una cantidad ilimitada de pequeñas o grandes acciones que podemos acometer cuando ocurren estos eventos. Es simplemente cuestión de tener la vista puesta en ello para dar una respuesta adecuada y cercana a quien lo pueda necesitar.
Por otra parte, el saber recibir lo que sea que esté llegando es un ejercicio saludable que abre las puertas a nuevos desenlaces, cosa que ignoramos bastante a menudo.
Y para terminar, un comentario al margen: Algo tan sencillo y a la vez tan raro y escaso como el hecho de simplemente escuchar con atención, evitando la arrogancia y el atrevimiento de opinar o «sentar cátedra» sobre lo que no conocemos en absoluto, es un muy buen primer paso para cambiar el tono de lo que sea que esté pasando hacia derroteros más constructivos y amables.
